La ciudad de Barcelona no
tiene muchos relieves por culpa de su situación marítima, pero el poco relieve
que tiene lo tiene bien aprovechado. Un gran ejemplo de esto es la montaña de
Montjuïc. Justamente al lado del mar se elevan 173 metros de roca y arena con
una enorme carga histórica, monumental y cultural que durante el siglo XX vivió
un cambio constante a consecuencia de los diferentes eventos que acogió
Barcelona.
Una de las edificaciones
más grandes que acoge y al mismo tiempo una de las más antiguas es el
cementerio situado en la fachada marítima de la montaña. Es el cementerio más
antiguo de la ciudad. Originalmente era un cementerio medieval judío, también
fue un poblado íbero y, más tarde, una fortaleza romana que desapareció durante
el período de Augusto (s. II aC.).
Desde la época de los
romanos, la montaña fue explotada como cantera. Esta actividad llegó a su punto
más álgido en el siglo XIX y se finalizó en el siglo XX. Hay una teoría sobre
el origen del nombre del monte que apunta a que proviene de "Monte de los
judíos", "Montjoiós" o "Monte Lovis" (Monte de
Júpiter).
Montjuïc también alberga
un gran número de jardines, el nombre de algunos de los cuales es un homenaje a
poetas y escritores catalanes y mallorquines como Joan Maragall (nacido en
Barcelona el 10 de octubre de 1860 y fallecido el 20 de diciembre de 1911. Fue
un poeta y escritor catalán capital dentro de la poesía modernista del cambio
de siglo), Joan Brossa (nacido el 19 de enero de 1919 en el barrio barcelonés
de Sant Gervasi y fallecido en Barcelona el 30 de diciembre de 1998. Fue un
poeta, dramaturgo y artista plástico catalán que tocó todos los géneros) y
Miquel Costa (poeta mallorquín nacido en Pollença el 10 de marzo de 1854 y
fallecido mientras predicaba el panegírico en el Convento de Santa Teresa de
Mallorca, el 16 de octubre de 1922).
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